Esto es lo que reza la puerta del infierno en La Divina Comedia de Dante Alighieri.
Más allá de la poesía de la expresión, la frase encierra una sentencia terrible: perder toda esperanza.
¿Cuántas veces nos sentimos en una situación así, que ya nada puede hacerse, con una relación afectiva o con una profesional?
Asumir una postura así, no solamente nos predispone a sufrir, sino a que cada evento nuevo lo veamos como una oportunidad de confirmar nuestra sentencia.
Lo paradógico de todo esto, es que afirmar una cosa así, tan absoluta, nos va a "ayudar" a que se vuelva verdad. Es sabido que uno no ve a la realidad de forma objetiva, sino a través de unos ojos que están cargados de subjetividad e historia. Al margen de esto, está la tendencia del ser humano a buscar confirmar lo que pensamos. Esto es conocido como el sesgo de confirmación.
Ahora, qué pasa si lo vemos al revés: sino que en lugar de perder esperanza, no solo la tenemos, sino que la potenciamos? En este caso, nuestros ojos van a estar pendientes de que aparezcan indicios de que el cambio empieza a darse.
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